jueves, 30 de octubre de 2008

Y cuando hago yo lo mío?

“Cuando dejo de hacer lo mio para hacer lo tuyo, no soy responsable ni con lo mío ni con lo tuyo. “ Corina Dj.

A veces pueden presentarse en nuestra vida algunas situaciones que no nos corresponde vivir, y que podría afectarnos sin saberlo. En el momento que no tenemos clara nuestra posición, permitimos que los demás nos aborden como quieran sin siquiera preguntarnos si tenemos la disposición o el tiempo para dedicárselos.

No es, que no nos importe lo que le ocurra al otro, sino que, hay situaciones que no nos corresponde a nosotros asumirlas y esto podría afectar nuestro entorno, haciendo que se ven afectados lo pensamientos que estabas teniendo, las sensaciones que estabas sintiendo o las decisiones que estabas tomando. Tenemos que establecer los límites entre lo que nos corresponde hacer y lo que le corresponde hacer a los demás.

Si en este momento dejaramos de cumplir con nuestros compromisos y obligaciones por atender los asuntos de los demás, no estaríamos siendo responsables con lo nuestro y los demás no estarían siendo responsables con lo suyo. Es loable que uno pueda ayudar a los demás, cuando sea necesario, pero pareciera que “lo necesario” dejo de serlo para convertirse en “imperativamente necesario”, y podríamos preguntarnos: “Y qué pasa con mi tiempo??”, “Y cuando hago yo lo mío!!!” , tal vez muchas personas podrían pensar o responder esto :

Lo mio lo hago cuando me dejen hacerlo
Lo mio lo hago si hay tiempo…
Lo mio lo hago después que termine lo tuyo
Lo mio no es tan importante como lo tuyo

O tal vez preguntaríamos: “Y acaso tú me vas a ayudar a hacer lo mío?”, y es probable que algunas personas respondan que SI, pero llegado el momento eso NO ocurre. En verdad, no todas las personas que se acercan a pedir ayuda son las que se ofrecen a ayudarte, y cuando llegan a hacerlo siempre terminan pidiéndote que los ayudes a ellos, haciendolo todo tú.

Sería bueno nos dedicáramos a hacer completamente lo que es nuestro, lo que nos corresponde, nuestro compromiso es con nosotros mismos, por ello digamos:

‘Hoy dejo de hacer lo tuyo para hacer lo mío’, ‘Hoy dejo que tú hagas lo tuyo para yo hacer lo mío’, y de ahora en adelante : “Lo mío lo hago hoy!!”, “Lo mío lo hago mañana”,“Lo mío lo hago primero” . Decir esto, da fuerza para continuar porque tenemos el control de nuestras decisiones y no estamos permitiendo que otros decidan por nosotros.

La mejor forma de ayudar a los demás es que ellos vean que nosotros hacemos primero lo que es nuestro y así van a aprender a tener responsabilidad por lo suyo asumiendo su parte. Esa es la mejor manera de demostrarles el aprecio que les tienes, porque no los estás dejando solos, solo los estás enseñando a que usen sus capacidades y tú estas aprendiendo a no perder las tuyas.

Si nos preguntaran: “Y Cuándo hago lo mío?”, solo podríamos responder:

“Hazlo cuando puedas”, “Hazlo hoy mismo”, “Hazlo con lo que sabes”.....

Puedo decirles, personalmente, me siento felíz de hacer mis cosas, las cosas que me corresponden, en mi tiempo, con mis capacidades y lo más importante con lo mucho o con lo poco que tenga.

Hagamos cada quien lo que nos corresponda hacer!! :)

lunes, 27 de octubre de 2008

El Corazón de la manzana

En estos días una amiga me regalo una bolsa con manzanas, y cuando llegue a casa les ofrecí a mis hijos las manzanas para que escogieran.

El mayor de mis hijos escogió la manzana más grande y la mas bonita; mi otro hijo, escogió cualquiera, ya que las otras manzanas no se veían tan buenas por fuera como la primera. Mi hijo pico la manzana en dos y vio que el corazón estaba negro; mi otro hijo hizo lo mismo, pero el corazón de la manzana no estaba negro. Ambos se miraron con sorpresa, riéndose y yo también me sorprendí al verles sorprendidos por haber descubierto que sus manzanas no resultaron lo que ellos esperaban.

Así preguntaron : Como es que una manzana que se veia bonita, tuviera el corazon negro? y la que no era tan bonita era la que estaba buena!!.. En su inocencia ellos buscaban la explicación científica, y aunque yo no pude explicarles eso, porque yo también esperaba ver unas manzanas buenas, si vi la oportunidad de hacer una reflexión con ellos.

Les dije que muchas veces uno no debe confiar en la apariencia exterior de las cosas y que así como esas manzanas, a veces son algunas personas; se ven bonitas, pero por dentro no tienen un buen corazón. Le pregunte: “Te fijaste lo que ocurrió cuando escogiste tu manzana?”. “ Pensabas que era la mejor de todas, pero cuando viste que no era así, te sorprendiste. “

En un tiempo muy cercano, cuando seas mayorcito, vas a conocer mucha gente y veras toda clase de persona, pero no olvides nunca que sean lo que sean, siempre tenemos que darnos la oportunidad de conocer sus corazones, para que puedas darte cuenta quien es cada quien, y no llevarte sorpresas, asi como ocurrió con tu manzana.

Cuando un corazón esta alegre, ríe, pero también cuando esta triste, llora, y yo no quisiera nunca verte llorar. El no sabe todo lo que yo daría por jamás verlo llorar y mas aun si le tocara enfrentar una situación como la manzana que el mismo escogió.

Muchas veces dejamos de conocer personas que no nos gusto a la vista, por no darnos la oportunidad de ver su corazón. Todos en algun momento hemos tenido un lado oscuro en el corazón , lo que debemos procurar, es que ese “lado” no llegue al centro del corazón, porque podria ennegrecerse.

Si hoy sientes que tu corazón està lleno de dolor,odio, remordimiento, rencor, soledad,  comienza a alegrarlo, sustitúyelo por buenas acciones, por mejorar tus actitudes por aprender a perdonar y también a pedir perdón, y veras como comenzara a cambiar no solo tu vida sino la de las personas que hoy estas aprendiendo a conocer su corazón.

lunes, 20 de octubre de 2008

El abrazo del corazón


El abrazo es la manera de expresar el afecto hacia un ser querido y es lo que llamo “el abrazo del corazón”, es la manera que encontré para describir lo que yo siento y quiero demostrarle a mis seres queridos y a las personas a las que le tengo afecto.

Todos hemos sentido cuando alguien nos da un abrazo. Podemos identificar si es un abrazo con emoción? o un simple abrazo?. Tal vez si, tal vez no. El hecho es que los abrazos puedes sentirlos cuando eres de las personas que te gusta abrazar y demostrar afecto.

En una oportunidad yo abrace a alguien con mucho cariño, y esta persona me manifestó que sintió mi abrazo con sinceridad y yo le dije que mis abrazos son sinceros.

Pero y que pasa con las personas que no suelen dar abrazos? Entiendo que no todas las personas son iguales y que no todos demuestran afectos, eso no quiere decir que no lo sientan, es probable que les cuesta manifestarlo, y la mejor manera de ayudarlos a demostrar su afecto es ofreciéndoles ese abrazo, en algún momento estas personas necesitarán de tu abrazo y alli puedes estar seguro que cuando te pidan el abrazo es porque ya abrió su corazón y sentirá el abrazo que le ofreciste.

Cuando abrazamos sentimos diferentre dependiendo a quien abraces. No es lo mismo abrazar a tus hijos, a tus padres, a tu esposo a un amigo, el hecho es que con nuestros abrazos cada quien identifica y siente el tipo de abrazo que esta recibiendo.

Si las personas cercanas a nosotros le dieran tanto valor e importancia al abrazo tanto como se la doy yo, se darian cuenta que el corazón esta alli presente.

Si hoy quieres abrazar a alguien y puedes hacerlo porque lo sientes, hazlo!! Pero si no es asi, entonces abrazate a ti mismo para que guardes esa energia para cuando veas a esa persona y le das todo ese amor con ese abrazo que te guardaste para ella!!

jueves, 16 de octubre de 2008

Que pasó con los buenos dias?

Decimos "buenos días" tantas veces al día que casi ni lo pensamos. Pero esa frase tan simple, en el fondo, es una forma de desearle el bien a alguien, aunque sea sin darnos cuenta.

Para mí, la frase "buenos días" es una norma de cortesía que asocio con tener buenos modales. De pequeños nos enseñaron: "cuando llegues a cualquier parte, tienes que saludar y dar los buenos días, tienes que ser cortés". Yo lo aprendí así, literalmente, y a donde llegaba, saludaba con un buenos días, buenas tardes, buenas noches, o hasta luego. Aprendí a ser cortés.

¿Qué pasa cuando crecemos? Maduramos las palabras, maduramos el corazón, y por consiguiente, los sentimientos. Y algunos comenzamos a darle importancia especial a ciertas palabras. Yo se la di, especialmente, a los buenos días. Cuando saludaba y no recibía esa misma respuesta, me preguntaba por qué a algunas personas les cuesta tanto recibir ese saludo, y mucho más, darlo.

Para mí, es la frase más importante con la que puede comenzar el día. No saben cuánto poder tiene dar los buenos días, y recibir lo mismo de los demás. Es importante también porque relaciono ese saludo con el cariño que uno espera recibir de sus padres, y que uno da a sus hijos cuando los despide cada mañana.

Cuando le deseas el bien a alguien, de alguna forma, ese bien también te alcanza a ti. Por eso, cada mañana vale la pena agradecer la oportunidad de un nuevo día: un día más para estar con los seres queridos, un día más de trabajo, un día más de sueños, un día más de esperanza, un día más para vivir.

A mí me importa la respuesta a ese saludo, porque quiero compartir algo bueno con quien lo recibe. Quienes le damos valor a este gesto procuramos fijarnos en el corazón de las personas, no solo en la simple cortesía.

¿Por qué les cuento esto? Porque cada vez menos personas usan el "buenos días" para saludar, y porque tampoco responden al saludo. Ahora solo responden con un "qué más, mi pana", "qué más, chama", "épa, qué tal", "buenassss", "buenas tardesssss" (cuando uno está dando los buenos días), o "buenas será para ti". Ese saludo se ha estado perdiendo, y vale la pena rescatarlo. No hay nada más triste para el corazón que darse cuenta de que las demás personas no ven la oportunidad de un nuevo día.

Te invito, de hoy en adelante, a dar un verdadero buenos días, con el corazón: buenos días a tu esposo o esposa, a tu novio o novia, a tu hermano, a tu padre o madre, al vecino, al amigo, a tus hijos (acompañados de un abrazo), a tus compañeros, a tu jefe.

Porque al final, un buen saludo es, también, una manera de empezar el día construyendo algo bueno para alguien más, y de paso, para nosotros mismos.

martes, 14 de octubre de 2008

Agradecer lo mucho y lo poco


Es común escuchar a personas quejarse del dinero que ellas mismas han trabajado, con frases como: "ese cochino dinero", "gano una miseria", "¿qué hago con este piche dinero?". Ante esas quejas, vale la pena recordar algo simple: al menos se cuenta con ese dinero. Sea mucho o sea poco, es lo que se tiene, y tal vez sea justamente lo que corresponde en ese momento.

Cuánta falta hace, a veces, ese "poquito dinero" cuando ya no se tiene, y pensar que antes se renegaba de ese mismo "poquito" que sobraba.

Hay una historia que ilustra esto muy bien: una señora mayor intentaba recoger una moneda del piso en un cafetín. Alguien se acercó a ayudarla, y al entregársela, ella respondió con fastidio: "Bah, esto es solo una moneda, y yo matándome por recogerla", y la volvió a tirar al piso. Quien la había ayudado, sorprendido por esa actitud, volvió a recogerla y la guardó.

Le dijo entonces, con la mayor cordialidad posible, a pesar de la actitud displicente: "Señora, cuánto no daría un niño en este momento por haber encontrado esta moneda que usted acaba de botar, para poder comprarse un pan". Es increíble cómo lo que uno desprecia, otro lo aprecia con todo el corazón.

Esta historia deja una enseñanza simple, pero profunda: si no se agradece lo poco, difícilmente se tendrá la oportunidad de agradecer lo mucho. Quizás por eso, para muchos, lo mucho nunca termina de llegar.

Seamos agradecidos, pero primero agradecidos con Dios, para que siempre nos dé la oportunidad de disfrutar lo mucho que quiere darnos. Y cuando llegue lo mucho, recordemos que no se gana para disfrutarlo en soledad, sino para compartirlo. En la medida en que podamos ayudar a otros, la vida también nos provee a nosotros.

 


lunes, 13 de octubre de 2008

Acompañame a estar solo


Hay una frase que parece una contradicción, pero en realidad encierra algo muy profundo: "acompáñame a estar solo". Decirla, o escucharla, ya es en sí mismo un acto de compañía, aunque hable justamente de soledad.

Los amigos no solo acompañamos con presencia; también acompañamos con ausencia. Ahí estamos cuando alguien nos necesita, para recordarle que no está solo, que solo está en soledad, y que la soledad es, muchas veces, el mejor estado para entendernos más a nosotros mismos.

Nada es más hermoso que saber que estás presente, aunque estés ausente. Esa es la verdadera compañía: la que no depende de la distancia ni del tiempo, sino del vínculo que ya existe entre dos personas.

La soledad, bien entendida, no es vacío. Es la oportunidad de mirarnos hacia adentro, de escucharnos sin las voces de los demás interrumpiendo, de reconocer quiénes somos cuando nadie más está mirando. Y quizás esa sea la verdadera ganancia de estar solos por un momento: descubrir que podemos estar bien con nosotros mismos, incluso en silencio.

Cuando entendamos que podemos estar solos o acompañados, y ser felices en ambos casos, podremos convertirnos en compañía verdadera para cualquier persona, porque ya no necesitaremos la presencia constante de alguien para sentirnos completos.

Hay quienes encuentran en Dios su mejor compañía, porque Él da, a todos, la oportunidad de comenzar de nuevo, las veces que sea necesario.

Así que hoy, cuando te sientas solo, piensa que no lo estás, porque es así: la mejor compañía eres tú mismo, para ti y por ti.

Cuando nos convertimos en mariposa

Hace tiempo leí este relato, y quiero reflexionarlo con ustedes:

"A veces la metáfora es la mejor manera de ayudar a alguien. Cuando mi hijo tenía seis años, uno de sus amigos murió, y él volvió a casa llorando. 'Cariño', le dije, 'es que todavía eres un gusanito. Cuando los gusanos de seda se encierran en su capullo, parece que estuvieran muriendo. Pero ¿qué les pasa en realidad? Se están convirtiendo en mariposa. Es el principio de una nueva vida. No puedes ver a tu amigo, hijito, porque está volando por encima de ti, más fuerte y hermoso que nunca. Tenemos que confiar en Dios, porque solo Él sabe cuándo es el mejor momento para convertirnos en mariposa.'"

Cuando uno lee esto, inmediatamente lo asocia con la muerte de un ser querido. Y para ayudarnos a aceptarla, nos decimos que solo fue su muerte física, porque el espíritu sigue vivo, y el espíritu nunca muere. Así, poco a poco, logramos aceptar la pérdida.

Pero también morimos de otras maneras. Morimos cuando nos derrumbamos, cuando "nos echamos a morir", como dicen por ahí. Morimos cuando matamos nuestros propios sueños, actuando con derrota, con desesperanza, con desasosiego. Eso también es morir: no saber manejar las pruebas que nos ayudan a medir nuestra capacidad de aceptación, y a entender que viviremos ese proceso una y otra vez a lo largo de la vida.

Si hiciéramos como esos gusanitos, entenderíamos mejor nuestra propia esencia, esa por la cual nacimos. Solo hay una diferencia: muchas mariposas viven apenas un breve tiempo, y les basta ese tiempo corto para cumplir su función. Nosotros, afortunadamente, podemos tomarnos el tiempo que necesitemos, encerrados en nuestro propio capullo, viviendo nuestro proceso, hasta que decidamos nacer de nuevo.

Cuando lo hayamos entendido, podremos convertirnos, como ese gusano, en una mariposa. Pero una mariposa que vuela alto y feliz no solo un día, sino todos los días. Habremos nacido nuevamente.

A partir de hoy, vuela tan alto como esa mariposa, y nunca dejes que mueran tus sueños ni tu esperanza. Sobre todo, nunca dejes morir tu fe, esa fe que hará que pronto vuelva a salir el sol, porque el sol sale para todos.