Hay un miedo silencioso que muchos cargamos sin nombrarlo: el miedo a quedarnos sin nada. Y, sin darnos cuenta, ese miedo termina logrando justamente eso.
Nos quedamos sin nada cuando no perseguimos nuestros sueños.
Nos quedamos sin nada cuando vemos una oportunidad, pero preferimos ignorarla por miedo a lo que podamos encontrar.
Nos quedamos sin nada cuando, pasado el tiempo, nos decimos: "Yo lo hubiera hecho, pero no lo hice porque no podía", y seguimos sin hacerlo, repitiéndonos la misma excusa una y otra vez.
Nos quedamos sin nada cuando creemos que lo tenemos todo, y en realidad no tenemos nada que de verdad nos sostenga.
Nos quedamos sin nada porque nos concentramos en lo que no tenemos, y descuidamos lo que sí tenemos, lo que está justo frente a nosotros esperando ser valorado.
Nos quedamos sin nada cuando dejamos que el miedo decida por nosotros, y le llamamos "prudencia" a lo que en realidad es resignación.
La vida no nos da nada si nosotros no damos nada. La vida no hace nada si nosotros no hacemos nada. No nos vamos a quedar sin nada, porque todo lo que existe también es para nosotros: lo bueno y lo malo, lo fácil y lo difícil. Cada uno elige la vida que desea, incluso la no elección también es una decisión.
La vida se detiene, a veces, justo en el momento en que nos encontramos ante una situación desesperada, como para hacernos ver que tenemos un camino que elegir, y que es nuestra responsabilidad hacer algo para poder tener lo suficiente: tranquilidad, paz, y todo aquello que sea necesario para nuestra vida.
No hace mucho escuché que no todo lo que tenemos es lo que necesitamos. Así que, si en este momento lo que tenemos no es lo que necesitamos, busquemos lo que nos haga felices. No hay nada de malo en reconocer que algo no nos llena, y que merecemos buscar lo que sí lo hace.
Nunca nos digamos que no tenemos nada cuando ni siquiera hacemos el esfuerzo por lograr lo que queremos hoy. Mañana es otro día, y siendo así, lo mejor que podemos hacer es todo lo necesario para perseguir nuestros sueños, sin esperar a que las condiciones sean perfectas, porque tal vez nunca lo serán.
Al final, no nos vamos a quedar sin nada por lo que la vida no nos dio, sino por lo que nosotros no nos atrevimos a buscar. Y eso, todavía, está en nuestras manos.
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