Como vaya viniendo, vamos viendo" es una frase popular, muy conocida hoy en día, y que repetimos casi sin pensar, como si fuera una filosofía de vida válida para todo. Pudiera funcionar para algunas cosas puntuales y pasajeras, pero quizás no sea suficiente para sostener toda nuestra existencia. A veces, sin darnos cuenta, terminamos viviendo el día a día sin orden, sin rumbo y sin planificación.
Ciertamente hay que aceptar las cosas en nuestra vida, y más aún cuando no las hemos planeado. La vida está llena de imprevistos: una enfermedad, una pérdida, un cambio repentino de circunstancias. Nadie planea eso, y está bien aceptarlo cuando llega. Pero hay una diferencia entre aceptar lo inesperado y dejar que lo inesperado sea quien decida todo por nosotros.
Quizás sea mejor vivir planeando, y en el camino, rogando a Dios para que todo salga bien. Planear no significa controlarlo todo ni eliminar la incertidumbre; significa tomar las riendas de lo que sí está en nuestras manos, y dejar en manos de Dios o de la vida lo que no lo está.
Hay dichos populares que a veces no comparto del todo, y este es uno de ellos. Algunos dichos son ciertos y útiles; otros tal vez aplicaron en su momento para alguien en particular, en una circunstancia específica, y eso los hizo populares. Pero que una frase se repita mucho no significa que deba aplicarse en todo momento de la vida.
A veces "como vaya viniendo, vamos viendo" se convierte, sin que lo notemos, en una manera cómoda de no decidir, de dejar que las cosas simplemente pasen. Y es comprensible: decidir da miedo, planear implica comprometerse con algo, y a veces es más fácil dejar que la vida resuelva por nosotros. No se trata de juzgar a quien vive así, sino de invitar a preguntarnos si esa forma de vivir nos está llevando a donde realmente queremos llegar.
Pensemos, por ejemplo, en quien sueña con estabilidad pero nunca encuentra el momento de empezar a construirla. O en quien quiere una relación sólida pero da por hecho que "el tiempo lo arregla todo". O en quien tiene un proyecto en mente pero sigue esperando "el momento perfecto" para comenzar. No es que estén equivocados ni que merezcan ser juzgados; simplemente, tal vez, no se han dado la oportunidad de planear lo que tanto desean.
Procuremos que lo que venga, venga porque lo trabajamos, porque lo construimos con intención, sin dejar de aceptar con paz lo que llega sin que lo hayamos planeado. Decidir nuestra vida no nos hace inmunes a lo inesperado, pero sí nos da la oportunidad de construir, poco a poco, la vida que queremos vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario