miércoles, 28 de agosto de 2013

No me des dinero, dame amor


Siempre he pensado que para muchas personas es más fácil dar dinero que dar amor. Resulta más rápido, más práctico: regalar dinero para salir del paso, para cumplir un compromiso, sin tener que detenerse a pensar en el otro.

Cuando un hijo o un familiar cumple años, no son pocos los que prefieren regalar dinero antes que tomarse el tiempo de buscar algo que realmente diga "te quiero". ¿Cuántos hijos hay esperando su cumpleaños no por el dinero, sino por saber cuántas personas los llamaron, los recordaron, les dedicaron un mensaje, una atención, un almuerzo? Todos necesitamos ese afecto que alimenta el alma.

No es cuestión de dinero, es cuestión de tiempo. Con los hijos, ¿cuánto tiempo les dedicamos en medio del trabajo que nos consume? ¿Cuánto nos queda para conversar, para preguntarles cómo les fue, para ver una película juntos? A veces, lo único que logramos es salir a comer un fin de semana y llamarlo "tiempo en familia".

Creo que las familias se están deteriorando poco a poco. La unión familiar es responsabilidad de quienes estamos al frente del hogar. Cuando dejamos que el dinero compre nuestro tiempo, perdemos la capacidad de agradar al otro, de llenar de emoción su corazón.

Hay algo hermoso en el proceso de pensar un regalo para alguien: la búsqueda, la duda, el "¿le gustará esto?". Cuando solo entregamos dinero, lo único que recibimos a cambio es un "gracias, con esto compro lo que quiero" — y ahí muere la emoción.

El dinero es una energía necesaria para vivir, pero también puede ser, según cómo se use, una energía que rompe el amor. Cuando regalamos algo, la otra persona no sabe qué va a recibir. Su corazón late por unos segundos imaginando: "¿qué me habrá comprado?". Y aunque a veces no sea exactamente lo que esperaba, lo que importa es haber vivido esa expectativa, esa emoción de saber que alguien se tomó el tiempo de pensar en ti.

Cuando recibo un regalo, así sea el más pequeño, lo agradezco de corazón. No es exageración: el simple gesto de que alguien piense en ti es lo que despierta la emoción. Inténtalo alguna vez — observa la cara de la persona cuando le entregas algo, aunque sea humilde. Ahí está la respuesta de si tu atención llegó a su corazón.

No comparto, regalar dinero en vez de un detalle, no es mi práctica. Creo que debemos esmerarnos en buscar, para quien es especial en nuestra vida, algo que demuestre el afecto que sentimos.

En mi vida seguirá habiendo cajas de regalo, bolsas, papel de regalo — pero jamás un sobre con dinero para obsequiar. Los únicos sobres de dinero que manejo son los del banco; eso es una transacción comercial, no un acto de amor.

Sé que hoy es práctico pedir dinero en las bodas, en los quince años. Pero he visto parejas y quinceañeras salir desmotivadas cuando no reciben "lo que esperaban". Quizás hubiera sido mejor una olla, un sartén, una copa — cosas que hablan del aprecio de quien las eligió. Nos hemos acostumbrado a convertir en acto mercantil lo que debería ser un acto de amor.

El dinero no es todo. Es, muchas veces, la salida de quien no quiere —o no sabe— buscar cómo llenar de alegría el corazón del otro. Por eso, cuando mis hijos me piden dinero como regalo, no se lo doy. Prefiero ver su cara, su expresión, sus ojos, su "gracias, justo lo que quería" — y sentir que se saben queridos por mí.

Creo que regalar es el mejor acto de amor que podemos ofrecer. El dinero lo reservo para pagar compromisos; el resto de mi energía la dedico a halagar, a compartir, a sentir la emoción de quienes amo.

Si regalamos a otros como nos gustaría que nos regalaran a nosotros, estaremos cultivando lo más valioso que existe: la unión familiar.

sábado, 12 de junio de 2010

Razones por la que quiero un perro

Me encantan los perros, y a mis hijos tambien, sin embargo, no me habia decidio a comprarlo por muchas razones y es que se requiere tiempo y dedicacion para tambien atenderlos a ellos. Parto de un principio basico y es que si tenemos como proveer a una mascota y ademas cuidarla, darle cariño y compañia, es el momento para tener una mascota.

En estos dias yo conversaba con unos amigos lo importante que es la familia y prestar atencion a la compañia y el recibimiento, y somos nosotros los responsables de que muchas veces nuestros hijos, esposos, compañeros, familia estemos unidos y permanezcamos unidos. El recibimiento es para mi lo mas grato cuando llegas a cualquier lado y sientes que le importas a alguien, y que se contenta de verte.

Muchos estan tan distraidos en sus propios asuntos, que ya no te reciben, ya no te ven, y no es un caso particular, sino comun el que nos ocurre a todos los padres, cuando hay computadoras, video juegos, celular, el cable, que los distraen, al punto de no prestar atencion a la persona que esta a su alrededor. No ocurre asi con un perro, y es por eso que ahora evaluando eso, tal vez decida comprar un perro y estas son mis razones:

Quiero un perro porque el me recibe y mueve cola, no importa si yo estoy de humor o no, al perro no le importa mi humor, el se le alegra es de mi regreso.

También quiero un perro porque aunque ladre para verme se que es por la emoción y no porque me esta reclamando.

También quiero un perro porque cuando me despierte el perro estará cerca de mi cama y no abriendo las persianas para que me levante.

También quiero un perro porque cuando el tenga hambre solo le sirvo su plato preferido y listo!!! No tengo que pensar mucho que hare de desayuno.

También quiero un perro porque se que si salgo a caminar va a estar al lado mio o detrás de mi acompañándome y cuidándome, y que se no va a salir corriendo a regresarse porque esta muy cansado y aburrido.

Tambien quiero un perro porque si quiere correr en el parque yo no tengo que estar detrás de el para que no se pierda.

Tambien quiero un perro porque aunque se este comiendo su HUESO, cuando me sienta llegar a casa lo dejara a un lado y correra a recibirme, saludarme e irse de nuevo a lo suyo.

Tambien quiero un perro porque cuando presienta que algo no esta bien, el vera como alertarme para cuidarme.

Tambien quiero un perro para jugar con el, porque se que no me hara trampas en el juego.

Tambien quiero un perro porque asi puede reconocer que persona es grata o no,porque los perros no se equivocan cuando no les gusta alguien.



Como el aguila!! Sin pico, sin uñas, sin alas!!!

Hace tiempo lei que las aguilas pueden durar casi 80 años y justo cuando tienen 40 años deben tomar una decision ya que sus uñas se hacen debiles para poder agarrar a sus presas y sus alas estan envejecidas y se hacen pesadas para poder volar, por lo que deben decidir entre morirse o buscar su proceso de renovacion durante un tiempo, es cuando deciden irse una montaña y quedarse ahi todo el tiempo necesario para vivir su proceso de renovacion, y deciden arrancarse el pico pegandolo contra la pared para que le nazca un nuevo pico y poder asi arrancarse una a una las uñas para que tambien le crezcan nuevas uñas y poder asi arrancarse las plumas y tener un nuevo plumaje. Terminado ese proceso deciden ahora regresar con nuevas alas, nuevo pico y nuevas uñas y totalmente renovadas a vivir otros años mas!!!

Esta nueva aguila volvio a ser el aguila fuerte, y asi como las aguilas podriamos ser los seres humanos, necesitamos renovarnos, tener nuevas alas, querer ser mas fuertes, necesitamos tomar la decision de poner entusiasmo en cada uno de los proyectos que tengamos en nuestra mente, hacer de nuestra vida algo mas divertido, mas sano y con mas sabor. Es desprendernos HOY de lo que no sirve para nuestra vida, aunque haya funcionado ANTES, porque antes no es igual a hoy, y hoy sentimos lo que no sentiremos en el futuro... no esperemos a arrancarnos el pico, las uñas, las alas y estando renovados quedarnos estacionados.

Ahora comprendo a muchas mujeres que dedicaron tanto tiempo para otros y que decidieron tomar una posicion "rebelde" pero sana, cuando dicen, AHORA VOY A DEDICAR UN TIEMPITO PARA MI, es bueno ya dejar de hacer por los demas, cada uno debe vivir su propio proceso de transformacion cuando le llegue su momento.

Estoy volviendo a nacer, ahora es que queda aguila para rato......, A VOLAR PUES!!!!

lunes, 26 de abril de 2010

Quien sirve a quien?

A mí me encanta sentirme atendida y servida. ¿A quién no? A todos nos gusta que nos atiendan, que nos den respuestas cuando preguntamos, que nos orienten cuando pedimos orientación.

Cuando usamos la palabra SERVIR en el buen sentido, hablamos de poder ofrecer un servicio que satisfaga la necesidad de un cliente o usuario respecto a algún producto que le interese. Quiero, a través de esta anécdota, expresar lo que para mí representa tener cultura de servicio. Si la comparto es porque sé que algunos habrán vivido situaciones parecidas.

Días pasados fui a un banco y le pregunté al ejecutivo de atención al cliente sobre un servicio. Su respuesta fue: "No tengo información", y acto seguido se volteó y siguió su trabajo. Ante esa actitud no me quedó más que preguntar: "Disculpe, ¿dónde es Atención al Cliente?". "Es acá", respondió. "¿Y quién me puede dar información?", insistí. "Mi compañero, que no ha llegado."

Me quedé en el aire... sin embargo, me senté a esperar. NO al compañero, sino a pensar en las palabras adecuadas para hacer un reclamo ante tanta displicencia.

Como clienta, consideré necesario expresarle mi insatisfacción. Me acerqué y me senté frente a él: "Buenos días. Una pregunta: cuando un cliente tiene una queja sobre un servicio prestado por el banco, ¿a quién se dirige?". Él respondió: "A Atención al Cliente". "Entonces, ¿puedo quejarme con usted?", le pregunté. "Sí, claro." "Bueno... ¡tengo una queja de usted!"

"Yo soy clienta de este banco, y como clienta, cuando tengo una duda y pregunto a Atención al Cliente, es porque espero como respuesta algo que aclare esa duda, y me gustaría sentirme atendida. Sé que tal vez usted no maneje la información que pregunté, pero tal vez habría sido mejor escuchar, por ejemplo: 'Buenos días, señora, lamentablemente no manejo esa información. Mi compañero, que sí la maneja, no llega temprano, así que si gusta tomar asiento y esperarlo, con mucho gusto.'" Y le sonreí para suavizar el reclamo. Él, apenado, me dijo que tenía razón y que lo disculpara.

Simplemente acepté sus disculpas. Sin embargo, esa fue mi primera impresión, y con esa impresión me quedé. Con esa simple respuesta, tal vez no me habría ido con la información, pero sí con la sensación de haberme sentido atendida, al menos en el trato. Quizás en otro momento me habría dirigido al gerente de la agencia a quejarme del servicio; sin embargo, preferí hacerle ver a esta persona, yo misma, la función que tiene como prestador de servicio.

Quiero destacar con esta anécdota lo importante que es que todos tengamos cultura de servicio, y que la mejor manera de practicarla es instruyendo a cada miembro de nuestro hogar a servirse entre ellos mismos. Si somos capaces de servir en nuestra propia casa, seremos capaces de servir al prójimo, y ayudaremos —con un poco de nosotros— a ser mejores ciudadanos y a servir mejor a nuestro país.

viernes, 23 de abril de 2010

Donde estan mis amigos?

No es matar el tiempo, es matar el ocio

Hay una frase que repetimos sin pensar demasiado: "estoy matando el tiempo". Pero si lo analizamos bien, no es el tiempo lo que matamos, es el ocio.

Nos ponemos a hacer tantas cosas improductivas en un tiempo que pudiéramos usar para generar algo productivo en nuestras vidas. Decimos: "estoy matando el tiempo haciendo cualquier cosa", y resulta que esa "cualquier cosa" es nada para el tiempo que en realidad estamos perdiendo.

Al tiempo no se le puede tratar como ocio. El ocio es hacer cosas improductivas; te vuelves ocioso cuando no sacas provecho del tiempo. Visto así, nos decimos mentiras cuando afirmamos que estamos matando el tiempo, cuando lo que verdaderamente estamos matando es el ocio.

El tiempo hay que aprovecharlo, no matarlo. El tiempo se va y no vuelve. El ocio, por el contrario, viene, se va y regresa. Tal vez parezca un juego de palabras, porque muchos dirán que hacen con su tiempo lo que quieren, y eso es cierto. Sin embargo, luego de hacer lo que queremos con nuestro tiempo, nos damos cuenta de que no hicimos nada por aprovecharlo en algo productivo.

Algo productivo pudiera ser, por ejemplo: pensar más en nuestra vida, pensar más en nuestros seres queridos, hacer más por ellos, hacer más por nosotros mismos, dedicar el esfuerzo a construir una mejor versión propia para obtener nuevos resultados. Es momento de pensar con cordura, con inteligencia, y dejar el ocio para ese último espacio que nos sobre, porque de alguna manera hay que dedicarle un tiempito también, pero bien cortito, porque si no, se vuelve un hábito en la vida.

Al final, la diferencia está en una sola decisión: usar el tiempo o dejar que se nos escape sin darnos cuenta.

miércoles, 21 de abril de 2010

Pareja o Compañero?

Muchas veces decimos que queremos una pareja, sin preguntarnos realmente para qué la queremos. Porque cuando uno está solo, "sin compañía", no necesariamente necesita una pareja para sentirse acompañado. En todo caso, lo que se necesita es un compañero de vida.

Solemos decir frases como: "Tengo mi pareja", "Llevo tiempo con mi pareja", "Tengo muchos problemas con mi pareja", "No tengo pareja", "Somos una pareja dispareja", "No parecemos pareja"... De seguro muchos se sienten identificados con alguna de estas frases. Y es que no necesariamente las parejas son compañía, no necesariamente se entienden en todo, no necesariamente tu pareja es tu amigo o amiga.

¿Qué tal si en vez de decir "pareja" decimos "compañero"? Pocas veces escuchamos: "Tengo mi compañero", "Mi compañero es buena compañía", "Mi compañero me entiende y me apoya", "Mi compañero es mi amigo", "Mi compañero me respeta", "Mi compañero me ama". Y entonces uno se da cuenta de que tal vez el hecho de saber que tienes un compañero, en todo el sentido de la palabra, le da poder a la actitud que esa palabra representa.

Un compañero es justamente para eso: para sentirnos acompañados y estar acompañados. Quizás sería mejor decir "quiero un compañero de vida", en lugar de "quiero una pareja", porque pareja la tiene cualquiera... pero un compañero, muy pocas personas.

La mejor compañía es la del compañero que te acompaña en el crecimiento y en el logro de tus objetivos; el que te apoya sin que se lo pidas; el que te escucha sin cuestionarte; el que te ve no solo como su pareja, sino como su amigo o amiga.

Tal vez cambiando "pareja" por "compañero" conseguiríamos lo que en el fondo buscamos: no solo alguien a nuestro lado, sino alguien que de verdad camine con nosotros.