Hay una frase que repetimos sin pensar demasiado: "estoy matando el tiempo". Pero si lo analizamos bien, no es el tiempo lo que matamos, es el ocio.
Nos ponemos a hacer tantas cosas improductivas en un tiempo que pudiéramos usar para generar algo productivo en nuestras vidas. Decimos: "estoy matando el tiempo haciendo cualquier cosa", y resulta que esa "cualquier cosa" es nada para el tiempo que en realidad estamos perdiendo.
Al tiempo no se le puede tratar como ocio. El ocio es hacer cosas improductivas; te vuelves ocioso cuando no sacas provecho del tiempo. Visto así, nos decimos mentiras cuando afirmamos que estamos matando el tiempo, cuando lo que verdaderamente estamos matando es el ocio.
El tiempo hay que aprovecharlo, no matarlo. El tiempo se va y no vuelve. El ocio, por el contrario, viene, se va y regresa. Tal vez parezca un juego de palabras, porque muchos dirán que hacen con su tiempo lo que quieren, y eso es cierto. Sin embargo, luego de hacer lo que queremos con nuestro tiempo, nos damos cuenta de que no hicimos nada por aprovecharlo en algo productivo.
Algo productivo pudiera ser, por ejemplo: pensar más en nuestra vida, pensar más en nuestros seres queridos, hacer más por ellos, hacer más por nosotros mismos, dedicar el esfuerzo a construir una mejor versión propia para obtener nuevos resultados. Es momento de pensar con cordura, con inteligencia, y dejar el ocio para ese último espacio que nos sobre, porque de alguna manera hay que dedicarle un tiempito también, pero bien cortito, porque si no, se vuelve un hábito en la vida.
Al final, la diferencia está en una sola decisión: usar el tiempo o dejar que se nos escape sin darnos cuenta.
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